TOPO, una historia al ritmo de la calle. (1ª parte)

Texto por Juan Miguel Contreras 

 

Topo es una de las grandes formaciones de la historia del Rock Español pero también ha sido uno de los grupos más ninguneados y con más mala suerte del negocio, algo que ha sido moneda común de la inmensa mayoría de las bandas de este país, sin embargo Topo pertenece además al reducido grupo de los perseverantes, los tozudos y los seguros de sus capacidades, de los que se niegan a dar su brazo a torcer… Como Burning, como Sex Museum, o como tantos otros. El problema con Topo es, al final, cómo se les considera cuando se les tiene en cuenta y en que categoría se les ubica.

Surgieron en 1978 como una escisión de Asfalto y durante un breve periodo de tiempo volaron muy alto, aunque nadie pareció darse cuenta. Topo es un gran grupo, con diferentes etapas, con altibajos, con éxitos y fracasos, con muchas de las miserias y con muchas más glorias (en forma de canciones) de eso del rock es español, pero sin duda es una banda merecedora de ser considerada de primer nivel y, por qué no decirlo, histórica. Sin embargo, si hay algo con lo que cargan sobre sus espaldas José Luís Jiménez y Lele Laina a la hora de observar su biografía musical son prejuicios. Se les englobó bajo esa indeterminada y maliciosa etiqueta del Rock Urbano, vaya uno a saber qué fuese  eso, e incluso ellos mismos en más de una canción han usado el adjetivo con convicción, pero también es cierto que, a la hora de acercarse a su trabajo, quizá esa denominación haya sido más una losa que una aclaración. En palabras de José Luís Jimenez: “Rock Urbano” fue una etiqueta que desde el principio nos colocaron. “Topo” era igual a “Rock urbano”, quizás por nuestros textos, por la música, por lo que fuera, fuimos los primeros en conseguir esa distinción. Los medios de entonces no tenían tan claro lo “heavy”, lo “hard” o lo que fuera. Para nosotros,  nuestro camino era fácil, ideas, local de ensayo y escenario. Y así sigue siendo, pasamos de etiquetas.”

Y por si no tenían suficiente con la viciada forma de hacer las cosas del que fue su primer sello, Chapa Discos (un sello prototípico de la visión carpetovetónica del negocio del rock en este país, con más sombras que luces), se “apropió” de ellos todo un “capo” como Vicente Romero (ejemplo de integridad más entendida como cabezonería que como defensora de ciertos principios).

“En España hubo una industria muy potente de acuerdo con los tiempos en los “60”, “70” y “80”. Pero al contrario que  la industria inglesa, que cubre todo el mundo, la española sólo llegaba a algunos países de América del Sur, y únicamente con los melódicos de turno, nunca con el rock. “

Básicamente Topo son José Luís Jiménez (1948) y Lele Laina (1952), aunque haya habido momentos en los que la nave la ha dirigido solamente Jiménez, y se considera que la forma clásica fueron ellos dos más los desaparecidos Terry Barrios (1952-1992) y Víctor Ruíz (1952-2005). Como se ha apuntado antes, Topo surgió en 1978 como una escisión de la mítica formación Asfalto, los cuales, en ese mismo año, habían publicado su disco debut tras un reseñable número de años pateándose escenarios y siendo grupo de apoyo de muchos otros como Vainica Doble, una obra con la que nadie del grupo quedó satisfecho y que Chapa ninguneo hasta que la canción “Capitán Trueno” comenzó a sonar en la radio. Para cuando esto último sucedió, Asfalto ya habían roto peras; por un lado estaban los citados Jiménez y Laina y por otro Enrique Cajide (batería) y Julio Castejón (guitarra y voz). Ese primer disco de Asfalto, a pesar de la insatisfacción que provocó a sus autores, sigue siendo una obra más que disfrutable, conteniendo un conjunto de canciones sumamente memorables, tanto en composición como en ejecución. En él se conjugan como pocas veces en este país luminosas influencias beatlelianas, psicodelia, rock progresivo de altura y una lírica tan naif como preclara (en la, quizá, ficticia e ingenua distinción entre compositores con carga política o no, el caso de Laina y Jiménez aparece como totalmente banal, pues en su ADN siempre ha estado impreso cantar sobre y para la clase de dónde vienen). Entre toda esa mixtura, sobresalen ciertos aspectos que seguirán siendo señas de identidad posteriormente en Topo: una conjunción y arreglos vocales sobresaliente, y por los que nunca han sido suficientemente reconocidos, una destreza instrumental notabilísima y unas ambiciones compositivas tan clásicas como valiosas.

Sigue leyendo TOPO, una historia al ritmo de la calle. (2ª parte)

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