Black Label Society
De nuevo, desplazamiento al Dave Mustaine Stage para ver ni más ni menos que a Black Label Society. En este caso, he de decir que mis energías necesitaban ser renovadas y me tomé un necesario receso dada mi entrega sin reservas a Orbit Culture, por lo que tanto del exterior del recinto como del interior del mismo y casi al final del concierto, pude escuchar temas sueltos y entrever como sus más fervientes seguidores disfrutaron de un formato especial dedicado casi en exclusiva a la figura de Ozzy Osbourne y a la ausencia del guiño habitual o recuerdo a Dimebag Darrell por parte de un enorme e imponente Zak Wylde (apreciación sagaz de mi compi Luis Windmill). No tocaron por ejemplo, In this river, quizás mi favorita.

Por otro lado, BLS no los he escuchado con tanto ahínco como para valorar dicho concierto ni los disfruté del mismo modo como el grueso del público ya en su máximo apogeo y que se agolpaba en los estertores del primer día de festival, y donde ya en el escenario Doro se estaban preparando Savatage, de los que sí estaba preparado para disfrutarlos en directo desde que los escuché por primera vez en su disco del 98, The wake of Magellan.
Savatage

Puntuales, comenzó la intro de Morphine Child y Savatage emergió al completo de forma pausada pero efectiva. 7 músicos componían esta mini orquesta que darían con Dead Winter dead, la primera perla a un repertorio muy variado. Al frente un Zak Stevens al que con 60 años lo vi un tanto desmejorado en relación a sus movimientos corporales aunque alcanzando picos de agudeza vocal muy contenida en las canciones más exigentes. Pero eso no importó en demasía a los asistentes que terminaron de entregarse con Jesus Saves, apoyada con una escenografía representada por unas enormes pantallas con escenas relacionadas con cada tema, muy efectistas y acordes por otro lado.

La formación americana era un lujo contemplarla, un poco estática, concentrada en sus instrumentos pero es que las intrincadas composiciones merecían una atención especial, como por ejemplo la explosiva Taunting Cobras y sobre todo, y remarco ese sobre todo, The wake of Magellan, donde se me erizó la piel por primera vez. Disfruté el tema como hacía tiempo, coreé hasta los coros finales, inventándome de forma apresurada la letra y tratando de recordar cada nota, éxtasis absoluto de nuevo generado por esa dupla de guitarras, Al Pitrelli y Chris Caffery. Casi inenarrable.
Strange Wings y Sirens continuaron con esas voraces ganas de disfrutarlos en directo por parte del público asistente, donde ya inmersos en la noche cálida se mantenía expectante y ávido por temazos como Lights Out o la increíble Handful of rain. De nuevo la base rítmica compuesta por Jeff Plate y John Lee Middelton, estaba siendo fundamental y conformaba un dúo complementado a su vez por dos teclistas que sustituían al gran ausente por motivos de salud, Jon Oliva, el creador de Savatage junto a su desaparecido hermano Criss.
Tras la “abanderada”, sempiterna y complicada Chance llegó mi particular punto de quiebra emocional y trataré de narrarlo con brevedad. Los músicos desaparecieron y en la pantalla apareció un video pregrabado del mismísimo Jon Oliva tras un piano, muy desmejorado con una voz casi irreconocible pero firme y decidida interpretando el inicio de Believe. No sabía hasta qué punto un tema en directo, o en este contexto, puede llegar a emocionar tanto a una persona, a mí en particular me removió hasta la raíz y ver a ese hombre, tan delicado de salud, haciendo ese esfuerzo y a su vez acordarme de seres queridos que ya no están en mi vida, me rajó de parte a parte. Se sumaron más recuerdos como el agridulce periplo pasado en estos últimos años en Málaga y la esperanza de un nuevo comienzo en mis tierras natales como es La Mancha… Comencé a llorar…
Estas lágrimas se mezclaban con el sudor hasta tal punto que no distinguía una ni otra cosa, pero me obligaba a recurrir a mi muñequera. Más aún cuando se incorporaron los músicos en la parte más dura del tema, en la parte media y final, culminando de nuevo con los últimos acordes de piano del propio Jon de fondo en la pantalla. Inolvidable, espeluznantemente inolvidable. Poco después, cuando me reuní con mis compis de Windmill, al propio Luis le ocurrió lo mismo y nos fundimos en un sentido abrazo. Me emociono recordando esto al tratar de escribirlo.

Destaco que hubo otra persona justo al final del tema que detrás de mí y profundamente emocionado por verme, me dio un abrazo muy sentido. Eso es lo que tiene la música, eso es lo que te ofrece de vez en cuando este tipo de música, ferocidad y a la vez sentimientos reales, armonía y comunidad, por eso somos únicos, por eso amamos el rock, por este tipo de cosas tan mundanas como extrañas, tan fugaces como reales, tan sentidas como recordadas para siempre. Con este tipo estuve a posteriori haciendo air guitar y punteos imaginarios cuando emergió Gutter Ballet o la increíble Edge of thorns.
Y poco más le quedaba al show, Power of the night y una fulminante Hall of the mountain King. Desde luego, el día había merecido la pena entre otras cosas por haber vivido aquel concierto de los americanos Savatage que pese a no haber sido el mejor concierto desde que se reunieron hacía poco tiempo y contrastada con gente que los vieron por ejemplo, el año pasado en Barcelona y muy recientemente como reflejaban las camisetas de su gira europea, para mí en concreto, fue una de las mejores experiencias musicales de mi vida.
Slaughter To Prevail
Tras ello, y recuperándome de las emociones vividas, tocaba el turno de los rusos Slaughter to prevail, capitaneados por un brutalísimo Alex the Terrible, sin embargo, queridos lectores, si habéis llegado hasta este momento, he de confesar que nos encontrábamos en un punto de agotamiento físico y mental muy notable, por el calor, por las horas seguidas, por las emociones vividas, y por otro lado, no soy un grandísimo seguidor de esta banda que con otras energías y en otro momento hubiera disfrutado de sobremanera. Aún así aguantamos hasta el final del show.
A modo de resumen, luces, andanadas de fuego, humo, breakdowns a mansalva peticiones continuas al público para hacer circle pits, un enorme wall of death en el inicio del tema Bratva, el cual me flipa y unos magníficos músicos enmascarados alrededor de un escenario donde emergía un oso de más de 5 o 6 metros de altura. El batería un autentico pulpo. Alex, un bestia, un animal que de vez en cuando, entre tema y tema, contaba el cambio que había realizado en su vida, el porqué su afán de ayudar a todo el mundo, o los de su entorno, las vicisitudes que había pasado, el descanso que se merecía…
Temas como Bonebreaker, Russian grizzli in America, Baba Yaga, Demolisher o Behelit, hicieron las delicias del personal… aunque nosotros, ya estábamos para el arrastre y necesitábamos retirarnos para descansar, ya que nos quedaban tres días más.

No habíamos pisado el otro escenario más pequeño, nos fue imposible por los pesos pesados que tocaron el primer día y que nos dieron mucho que elegir, pero si esto es un Leyendas del Rock… menudo día, incluso sacrificando a Sepultura, del cual os da buena cuenta Luis Windmill…
Leedme más adelante, porque esa jornada, dormimos como en brazos.

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