Crónicas legendarias 2026 Jueves

Volvemos temprano con las pilas cargadas y preparados para completar otra intensa jornada.

La cancelación de la gira de Of Mice & Men provocó la rápida reacción de la organización de Leyendas del Rock, que en tiempo récord consiguió sustituto. Y menudo sustituto. Encasillar a Creeper dentro de un género o un estilo concreto es una pérdida de tiempo. Es preferible saltarse cualquier tipo de prejuicio y simplemente disfrutar de lo que nos ofrecen, que no es poco. Su puesta en escena es muy teatral y varía según la temática de cada disco. Hoy tocaba ir de vampiros rockers adolescentes, acorde con los últimos lanzamientos de la banda, Sanguivore I y II: tupés, chalecos de cuero, pantalones ajustados… todo negro, por supuesto. Las labores vocales corren a cargo de Will Gould -que bien podría ser la versión subversiva de Mike Wheeler, de Stranger Things– y de la teclista Hannah Greenwood. Ambos derrochan chulería a porrones y sus canciones conjugan guitarrazos con melodías vacilonas y estribillos adictivos. Definitivamente, ver un concierto de Creeper es una de las cosas más divertidas que se pueden hacer con la ropa puesta.

Uno de los triunfadores del festival. Mushroomhead se ganó al público con un espectacular despliegue escénico. Ocho músicos ataviados con uniformes de trabajo (deduzco que de controladores de plagas, por la palabra “infest” impresa en la espalda de uno de los cantantes, pero no os fiéis de mi capacidad deductiva) que no dan un solo instante de respiro. A los miembros habituales de una banda añaden dos percusionistas que, dependiendo de los temas, también se cuelgan la guitarra y el bajo y las labores vocales corren a cargo de dos voces masculinas y una femenina, todos en una coreografía perfectamente sincronizada. Su conexión con los fans es muy cercana -se quedaron un buen rato dando las gracias y saludando a todo el mundo- y gustan de practicar el crowdsurfing, ejercicio que a mí me provoca cierta aprensión si me encuentro sujetando al practicante -por el riesgo de dejarle caer- o, en el improbable caso de estar arriba, un exceso de celo por preservar mi flor. Soy un anticuado, lo reconozco.

Mikael Stanne es una rara avis dentro del mundo del death metal. Mientras que la mayoría de los cantantes de este género se muestran cascarrabias y avinagrados, Mikael es el hombre de la sempiterna sonrisa, un ser de luz. Su actitud no es impostada y su sonrisa no es una parálisis. Sonreír y cantar gutural al mismo tiempo sólo está al alcance de unos pocos elegidos.
Pensar que Dark Tranquility es un grupo anodino o desapasionado por su perfección técnica es un error. Sus composiciones están repletas de detalles de guitarras, teclados, batería… las melodías son hipnóticas y cuando suben la intensidad (la caña) lo hacen con total naturalidad, sin estridencias ni quebranto de tímpanos. Es el grupo perfecto para recomendar a amigos, familiares y conocidos que busquen acercarse al metal.
Hubo un tiempo en el que se rumoreó en los mentideros del metal que Mikael Stanne hizo un mohín de desaprobación cuando su guitarrista falló en un acorde. Mikael no tardó en desmentirlo (sonriendo): “en Dark Tranquility jamás ha habido ni habrá un solo fallo”. Acto seguido se llevó la mano al corazón y dio las gracias.

Cuando vienen mal dadas hay que sobreponerse. Pese a las circunstancias adversas que se le presentaron a Celtibeerian -coincidencia con Arch Enemy en el escenario principal y problemas técnicos con el consiguiente recorte de tiempo, a lo que hay que añadir una actuación en acústico por la mañana en la Plaza Mayor-, hay que reconocerles los bemoles de completar un concierto que venía de nalgas. Y quisiera hacer una reflexión sobre la severidad con la que juzgamos la actuación de cualquier banda sin pararnos a pensar en todo el trabajo que hay detrás, las horas de ensayo y los imprevistos que pueden surgir en el momento crucial, que es el de subirse al escenario. Conozco a Celtibeerian hace muchos años y los he visto en numerosas ocasiones (es la cuarta vez que tocan en el Leyendas y siempre han triunfado) y os puedo asegurar que no se ahorran ni un solo esfuerzo cuando están ahí arriba. Afortunadamente, el flujo de público fue aumentando conforme se sucedían los temas hasta llenar buena parte del escenario New Rock ¡Escenario principal ya!


Y en lo estrictamente musical, Celtibeerian han ido evolucionando con el paso de los años y han endurecido su sonido hacia un estilo más agresivo en esta su última etapa, pero siempre manteniendo sus elementos identitarios: fiesta, cerveza, naturaleza, mitología… Si no te diviertes en un concierto de Celtibeerian o andas muy despistado o pide cita con el otorrino ¡KURMIS!


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